Abrazar nuestra sombra
- 4 abr 2016
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Estas últimas semanas, aunque más bien serían meses, me siento especialmente conectada con mi sombra. Miro hacia atrás, bastantes años atrás, y veo una Elena alegre, feliz y espontánea, que nada tiene que ver con la Elena de estos últimos años. Esto me hace pensar en si me he perdido en el camino o sencillamente es que me quité al fin la máscara y en realidad lo que siento ahora es otra cosa. Hoy, me decanto más por lo segundo; creo que inicié un camino de Autocuración y Autoconciencia que me ha permitido entrar en contacto con mis zonas oscuras, con aquellas vivencias que se convirtieron en memorias dolorosas, registradas y almacenadas en mi subconsciente, y con aquellos rasgos de mi personalidad que me limitan y que son el resultado, precisamente, de esas mismas memorias. Ha sido en ese caminar en el que me he dado cuenta de qué poco me amo aún. Este post tiene para mi todo el sentido pues es en el Amor donde hay que buscar el remedio.

He decidido, superando la culpa y la vergüenza que siento después de errar de forma tan dolorosa para mí y mis seres más queridos, compartir contigo mi experiencia desde mi sentir más profundo y con toda mi honestidad, esperando llegar a algún lugar de tu Ser donde todo esto pueda resonar.
Hay días ciertamente que me siento con fuerza para abrazar mi sombra, aceptando todas aquellas partes de mi misma de las que me habla, que por otra parte tanto niego y rechazo a veces, seguramente la mayor parte de las veces. Otro días, sin embargo, siento que desfallezco, que no soy capaz de contener tanto dolor y que le doy rienda suelta a mi sombra para que salga, explote y escupa toda su ira hacia los demás (normalmente hacia mis seres más amados) cruzando la fina línea que separa aquello que nos podemos permitir de aquello que hace daño a los demás. Últimamente he cruzado demasiado a menudo esta línea, sobretodo con mi hijo, mi hermoso y maravilloso hijo que tanto me enseña, mi mayor maestro en este nuevo Objetivo de Vida de vibrar, cada vez más y mejor, en el Amor Incondicional.
La culpa que me invade después de mis estallidos me deja agotada, sumida en una tristeza muy profunda y prácticamente sin energía para nada más. Estas últimas veces, sin embargo, creo haber hecho un avance importante: he sido capaz de reaccionar, justo en el momento del estallido (es decir, justo cuando es más difícil conectar con el momento presente pues lo que está saliendo en realidad son las heridas y memorias dolorosas del pasado que se activan), con una sonrisa y un gesto de gratitud; por un lado hacia mi hijo, que con un beso me ha dado una tremenda lección y ha conseguido que toda la neblina de rechazo que yo misma estaba construyendo se desvaneciera en un segundo, y por otro lado hacia mi pareja, que con su paciencia y comprensión me ha mostrado, como en otras tantas ocasiones, donde está el Amor Verdadero, de donde y cómo sale, y que aunque a veces lo dude, patalee y de cabezazos de desesperación, impregna TODA MI VIDA.
He llegado a la conclusión, después de este viaje hacia las tinieblas, del que estoy todavía volviendo y del que no se del todo cierto cuando voy a regresar, que cuando lo que proyecto de mi misma, es decir, mis expectativas de lo que quiero ser o en quién me quiero convertir, no coinciden con lo que soy en el momento presente, se desencadena la tormenta. Y esa no es más que otra ilusión del Ego, otro autoengaño, otra forma de negarme a mi misma y de no aceptar quién soy.
Soy Elena, una persona, una mujer, madre, hija, hermana, amiga... buena, mala, justa, injusta, sincera, falsa, capaz, incapaz... con una historia dolorosa, como todos, con un largo camino recorrido y con mucho camino por recorrer, que se cansa, se desespera, se enfada, se siente culpable, pero que también aprende, crece, mejora y ama, ama por encima de todas las cosas. Ese Amor es el que me salva, es el que me recoge y me recuerda, cuando parece que me faltan las fuerzas para seguir andando, que sigo viva, que la Vida es un inmenso regalo y que es mi responsabilidad sacar el máximo provecho de ella.

Como seres integrales no podemos observarnos y acercarnos a un mejor conocimiento de nosotros mismos y trascender nuestros bloqueos sin contemplar nuestra sombra, sin detenernos enfrente de ella, mirarla con ternura, sin juicios, y abrazarla con todo nuestro Ser.
Yo te invito hoy, justo en este preciso momento, a que te pongas delante de ella, converses con ella. Puedes hacerlo frente al espejo, conectando con todo aquello de ti mismo/a que quieres mejorar o cambiar, dejando que todo lo que necesite salir salga; de la manera que sea si estás solo (llorando, chillando, dando golpes, etc.) y poniendo mucha atención en no cruzar la línea del espacio de integridad del otro si lo haces en compañía de alguien más. Puedes hacerlo mentalmente, como una meditación, visualizándote como dos entes, uno luminoso y otro oscuro que se ponen uno frente al otro; se miran, se tocan, conversan, se gritan si lo necesitan, pero es importante que se abracen al final, que se muestren respeto y comprensión. Otra manera podría ser a través de una carta de liberación (en mi próximo post hablaré de esta herramienta tan maravillosa y transformadora y daré algunos tips de cómo escribir estas cartas), escribiendo en una hoja todo aquello que quieras dejar ir pero siempre haciéndolo desde la gratitud por todo lo que te ha enseñado y soltándolo con amor y respeto.
Estas son algunas de mis propuestas para abrazar tu sombra. Obviamente hay muchas más. Como siempre te animo a que te escuches y encuentres tu propia fórmula, aquello que mejor resuene en tu interior.
De momento eso es todo. Espero que te sirva, que lo apliques a tu vida diaria y consigas los cambios que necesitas para lograr tus objetivos.
Te abrazo con respeto y admiración.
Hasta pronto.



































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